errores imperdonables en una novela

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RELATO DE HISTORIAS ERÓTICAS DE ENYA ES “Follando con mi vecino” [+18]

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ATENCIÓN CONTENIDO PARA ADULTOS, SI ERES MENOR DE 18 AÑOS POR FAVOR SAL DE ESTE POST, HAY MUCHOS PARA TODAS LAS EDADES PERO ESTE NO LO ES.

Las mujeres no suelen ser las que dan el primer paso pero ,yo, soy de las que sí, siempre consigo lo que quiero.

Un chico nuevo se mudó al piso de enfrente hace unos meses, os voy a contar lo que ocurrió. Me llamo Marta, tengo “veinti” muchos años, no voy a decir mi edad exacta, de cuerpo, no es que tenga un cuerpo de gimnasio, pero soy delgada y con bastante pecho. Vivo sola desde hace mucho tiempo, esporádicamente he tenido compañeros o compañeras de piso, pero desde que mi trabajo me va bien no tengo necesidad de ello. Cuando estoy sola me gusta estar desnuda, al fin y al cabo es mi casa, suelo ponerme una bata para tender o cuando tengo que abrir la puerta.

Bueno, que me voy por las ramas, lo que os contaba, el caso es que se mudó un chico enfrente, que mi ventana interior daba a la suya vamos, compartíamos tendedero.

El chico no se en que trabajaba ni nada pero estaba tremendo, vamos era verlo y se me mojaban las bragas, tenía que ser mío.

Intentaba coincidir en el tendedero, aunque era un poco patético por mi parte nunca me había llamado tanto la atención un hombre.

Ya habían pasado unos días desde que se mudó, así que decidí que era hora de presentarme formalmente como vecina de enfrente, me puse mi liguero con unas medias de encaje preciosas, una minifalda y una camiseta de tirantes, si, muy casual. Llamé a su puerta y me abrió en pantalones, dios, que torso, que músculos, que brazos, creía que me iba a derretir allí mismo.

Le dije que le había visto un par de veces en el tendedero y que no sabía que se había mudado allí nadie, que se me había perdido un tanga que si lo había cogido él, en ese momento me pareció una buena excusa, aunque a lo mejor pensaba que lo tachaba de pervertido.
Me dijo que sí, y me enseñó un tanga que llevaba en la mano, no me lo podía creer, era solo una excusa, a lo mejor era un pervertido.

Cerró la puerta y me dijo que me había visto también en el tendedero, y que lo había cogido a ver si me animaba a hablarle, y que por mi vestimenta de hoy no solo vendría a eso.

Me empotro contra la puerta y me empezó a besar intensamente en la boca, luego bajo a mi cuello mientras me tocaba el pecho. Me acarició el pelo y me bajó la cabeza suavemente, yo le desabroché el vaquero, le saqué la polla y succione y lamí con ansia, estaba cachondísima, toda la situación él, yo, dios. Notaba como su polla latía y se endurecía más y más en mi boca, como mi saliva resbalaba por mi barbilla. La sacó de mi boca, me sentó sobre el respaldo del sofá y me empezó a meter la puntita por el coño mientras me mordía el cuello, iba poco a poco, metiendo la puntita, despacio, hasta que entro todo su miembro.

Medio abrazada a él solo podía abrir las piernas para que entrara más y más, notaba lo lubricada que estaba, notaba lo mucho que le ponía. Me embistió hasta el fondo todo lo que pudo sintiéndome por dentro, sintiendo todo mi cuerpo mi pecho, mi boca, agarrándome del culo para hacer más presión.
Sin terminar, la sacó y me dijo que me agachara de nuevo, terminó masturbándose en mi cara, y me dijo que lo lamiera, estaba tan cachonda que ni me acordé de lo poco que me gustaba eso y lo hice.

Andres, que es como se llamaba sigue siendo mi vecino, en alguna época de escasez sigo yendo a visitarlo, y me siguen desapareciendo tangas.
FIN

 

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ENYA ES la autora de “Historias eróticas” que a tenido un gran éxito con su recopilación de relatos eróticos de todo tipo.

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Tres días en la playa. por MSE (Relato breve)

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Amanda llegó el primer día a la playa, solo tenia este y dos días más para disfrutarla al máximo, era uno de esos viajes express a la costa para disfrutar del sol. Dejo todo en el apartamento, se puso el bikini, y fue rauda hacia la playa, pero, estaba nublado, pensó por un momento en irse, decidió tumbarse y relajarse, ya que no tenía mucho tiempo para disfrutarlo. Como estaba nublado ni siquiera se molestó en darse crema. Al pasar varias horas Amanda se notaba algo roja, y fue rápidamente a su casa a curarse. Se había quemado estando nublado, no sabía que eso podía pasar.

El segundo día hacía un sol radiante, esto siempre la animaba, paseo por la playa con un refresco, se metió al mar, e incluso jugó con un grupo de jóvenes al voleyball. Adoraba los días de pleno sol, pero odiaba tener que estar constantemente poniéndose crema, porque a pesar de que estaba morena no quería quemarse.

Lo paso genial, se fue de compras, ceno en el paseo marítimo, añoraba mucho este tipo de cosas cuando se iba de veraneo.

El tercer día quería disfrutar al máximo del sol, fue otro día radiante en el que levantarse pronto para exprimir el día era sentirse bien. Era su último día allí y no quería pasarlo todo entero en la playa, paso la mañana disfrutando del calor cerca de la orilla, con el agua mojando sus pies, en esos momentos, pero se sentía libre de todo estrés.

Y llegó el momento de marcharse, se había pasado todo el día en la playa, pero a pesar de que no fue su plan inicial no se arrepentía.

FIN