El timo de las letras

sobre escritura

(Es antiguo pero refleja algo con lo que tenemos que tener cuidado)

La tela de araña que Santiago Rojas Pulido teje para atrapar a sus presas es siempre la misma. El resultado, también: un escritor novel le paga unos 2.000 euros para coeditar su obra. Tras la firma del contrato y recibir el dinero, Rojas desaparece y sus compromisos se esfuman.

Juan José Delgado, filólogo y profesor de enseñanza secundaria en Palma de Mallorca, ya había publicado varios artículos cuando cayó en la trampa. “Fue una estafa con una orquestación harto trabajada”, declara este mallorquín. Para él, todo empezó en septiembre de 1998, cuando Jamais, la editorial de Rojas, le propuso participar en una antología de relatos y coeditar su primer libro de poemas, Huérfano de trenes. “Insistí mucho –recuerda Delgado– para que me enviara los ejemplares acordados. Cuando llegaron, vi que había muchas erratas y que se habían impreso sin cuidado”. Aun así, creyó las excusas del editor, y en mayo de 2002 firma otro contrato para coeditar Trenes herrabundos, por el que paga 2.031,41 euros. “Pasa el tiempo, el libro no se publica y Rojas deja de contestar al teléfono –asegura el autor–. Después de dos años y harto de esperar, inicio una demanda judicial por incumplimiento de contrato. Rojas juega con la ilusión de muchos escritores noveles. Por desgracia, nos convertimos en presas fáciles”.

Juan José es uno de los más de cuarenta escritores engañados por Jamais. Los casos se acumulan en España y en varios países de Latinoamérica. Manuel Jesús Carballido Pascual lleva algunos procedimientos penales contra Santiago Rojas. Este letrado del bufete sevillano Gómez Martínez explica cómo Jamais mantiene un delito continuado por impago de derechos de autor y por irregularidades en la edición de los ejemplares pactados, en su distribución y promoción e incumplimiento de contratos.

Una de la escritoras defendida por Carballido es Pepa Mayo. Mayo solicitó un crédito para pagar los 3.606,55 euros que Jamais le pedía para publicar su obra Historias de fantasmas y otros monstruos, y tres cuentos que se incluirían en una Antología de nuevos narradores del relato en castellano. Según figura en el contrato, las obras estarían en la calle en diciembre de 2002. “La antología jamás se publicó, y de ‘Historias de fantasmas’ sólo se editó un tercio de lo acordado –afirma–. Rojas también incumplió todas las cláusulas del contrato, desde el envío de la obra a las librerías, el informe de ventas, las reseñas en los medios de comunicación y las presentaciones previstas”.

Las llamadas de Santiago Rojas y sus halagos desaparecieron en cuanto recibió el dinero de Mayo. “Interpuse una querella criminal contra él –declara–, que fue aceptada a trámite en noviembre de 2005, pero el juzgado no le localiza. Es un mafioso de cuidado que sigue libre, estafando y robando. Sólo quiero que Santiago Rojas pague por lo que ha hecho”.

La mala experiencia con Jamais hizo añicos la ilusión de Manuel Muñoz García, quien pagó a Rojas 1.875,16 euros por la coedición de su novela Mi amigo Andrés que está en los cielos, obra que el editor se comprometió a tener en las librerías a los 18 meses. Han pasado casi cuatro años y… nada.

“Ese señor –cuenta Manuel, que sufre una minusvalía del 85 por ciento y va en silla de ruedas– no ha cumplido nada. Yo estaba entusiasmado e hice un gran esfuerzo económico para pagarle lo que me pedía porque estoy jubilado y con la pensión no ando sobrado”. Una trombosis cerebral le dejó la mayor parte del cuerpo paralizada, pero Manuel no para de escribir. “Llevo 13 años dándole a la pluma; se ha convertido en mi terapia. No soporto estar mano sobre mano”. Ha acabado 46 novelas, 52 cuentos y 150 relatos. “Después de este engaño, mi familia no me permitirá publicar nada, pero mi mayor felicidad sería ver esa novela editada”.

Sobre todo porque Mi amigo Andrés que está en los cielos es un homenaje a “una persona excepcional que me enseñó francés en mi juventud mientras preparaba la oposición de Telégrafos. Andrés era profesor en la escuela de mi pueblo, y aunque el cáncer le destruía, cuando acababa el trabajo, me daba clases porque yo no tenía recursos”. Andrés murió justo antes de los exámenes. “Me vine abajo –recuerda Manuel–, pero seguí por él y estoy seguro de que me ayudó porque hice un examen excelente”. Juan Linares, psicólogo, conoció a Santiago Rojas en 2001. Juan quería editar su novela, El hada negra, antes de que el cáncer arrebatara la vida a su padre. Santiago Rojas se comprometió a hacer su trabajo rápidamente y que el libro estuviera en las librerías antes de finales de ese año. Linares le pagó 2.031,42 euros, y tras recibir las pruebas corregidas no volvió a saber nada más de él: “Le amenacé con enviarle al cobrador del frac para recuperar el dinero, y tuvo la desfachatez de regañarme por desconfiar. Siempre tenía excusas. En el verano de 2003, me envió 15 ejemplares a casa. Habían pasado dos años y fue la primera vez que vi el libro. Me agarré a un clavo ardiendo para que mi padre viera mi obra y Rojas no tuvo ningún escrúpulo en estafarme incluso con esa tragedia”.

Harmonie Botella ha vuelto a escribir y a publicar tras superar el amargo trago de Jamais. “Gente como él no puede deshacernos los sueños. Hay editores honestos y responsables que publican obras de noveles”.

Botella resume la estrategia seguida por Rojas para “captar a sus presas”: “A tra- vés del rastreo de concursos literarios, de su revista ‘El Celador’ o por medio de una publicidad engañosa de edición rápida y bajo costo, la editorial Jamais capta al escritor, lo alaba y adula a través de continuas llamadas telefónicas”. Una vez firmado el contrato y pagada una parte o la totalidad de la impresión del libro, “el teléfono enmudece y no se vuelve a contactar con Santiago Rojas”.

Esta francesa afincada en España publicó con Jamais su cuento Nubes, que salió a la calle dos años después de lo acordado y ella sólo recibió tres ejemplares. Aun así, volvió a firmar un contrato para publicar Ojos que no ven, por el que pagó 338.000 pesetas (2.031 euros). El libro se publicó en marzo de 2002, pero ni se distribuyeron en los 500 puntos de venta comprometidos ni se hizo la tirada de 1.500 ejemplares firmada. “En 2003 puse en marcha un requerimiento judicial. Tras mucho perseguirle, conseguí que me pagara las 338.000 pesetas”. Entre otros, Rojas también embaucó al dueño de la imprenta Artes Gráficas Sevilla, un negocio familiar al que debe 6.624,39 euros; a Óscar Varona, quien jamás recuperó los 2.187 euros que pagó en abril de 2001, y a Mercedes Company, que en abril de 2003 le entregó 2.600 euros. Company concluye: “Los embustes de Rojas deben salir a la luz para que nadie más caiga en las redes de este depredador”.

 

Fuente; http://www.interviu.es/reportajes/articulos/el-timo-de-las-letras

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