Fraudes editoriales y otras malas prácticas

sobre escritura

El trabajo de escritor se nutre mucho de la ilusión, ese espectro tan volátil que se eleva con el mínimo atisbo de éxito y que en cambio es tan vulnerable al más pequeño de los contratiempos. Todos hemos pasado por ello: del miedo inicial, cuando empiezas a mostrar tus escritos al mundo, a la esperanza cuando ves que los pasos se suceden con buen tino. Pero, como en todos los oficios, existen casas editoriales cuyas prácticas no son precisamente ejemplos de alabanza, e individuos que buscan aprovecharse de esas ilusiones para llenarse los bolsillos.

En la siguiente serie de artículos vamos a hablar de malas prácticas y estafas editoriales, con la intención de que el autor que empieza no caiga en tales redes.

Cien ejemplares en la presentación

alt="bolsa dolares, javierpellicerescritor.com"

Esta es una práctica famosa en el mundillo editorial y literario. La jugada empieza cuando el autor envía su manuscrito a la supuesta editorial, cargado de buena fe. La respuesta suele ser casi instantánea, en todo caso mucho más veloz de lo que es habitual. Este ya debería ser un punto para hacer sospechar al autor: ¿Qué tipo de valoración profunda es aquella que tarda en realizarse unos pocos días? Pero ellos ponen al novato aspirante un contrato delante, le dicen que su obra es excelente, que les ha enamorado y quieren a toda costa publicarla. Esto abruma y desconcierta. El escritor se lee y relee el contrato condicionado por tanto piropo, y en su comprensible ignorancia, mientras piensa en las mieles prometidas, no ve nada extraño. Acepta y firma, cargado con la ilusión de que alguien apueste por su obra.
Es entonces cuando empieza la pesadilla. Amparándose en que tiene que reducir riesgos, la editorial impone al autor una, cuanto menos, curiosa condición (que normalmente figura en el contrato, por lo que no podemos hablar de delito propiamente dicho): debe vender una primera tirada de cien ejemplares el día de la presentación oficial, cuyos beneficios serán íntegros para la editorial para que pueda sufragar una nueva tirada. Quienes hemos hecho presentaciones sabemos lo difícil que es alcanzar una cifra así (salvo que te llames George Martin, Laura Gallego o Blue Jeans). Por tanto, lo normal es que el autor no logre vender esos cien ejemplares, por lo que la editorial le «obliga» a hacerse cargo por su cuenta del resto, si quiere que se imprima una nueva tirada (la cual pinta muy bien porque te han prometido que aparecerá en todas las librerías del país). Los escritores noveles, creyendo que esta práctica es habitual, caen en la jugada, encontrándose con un desembolso impresionante que convierte esta publicación en una autoedición encubierta. Peor aún, porque no recibirá un euro de estas cien primeras ventas.


Distribución inexistente

alt="distribución inexistente, librería vacía, javierpellicerescritor.com"

Sigamos con este caso y digamos que la presentación ha ido genial. El autor ha logrado, increíblemente, quitarse de encima esos cien ejemplares, o ha aceptado las premisas de la editorial y cargado con la compra de los que han quedado por vender. El editor, todo ufano, le dirá al autor que va a poner en marcha una tirada de 200 ejemplares inmediatamente, que dará de alta en las grandes superficies y en todas las librerías de España. Y la ilusión volverá a él, dará por bueno todos los sinsabores acontecidos antes.
Hasta que, con retraso o sin él, el libro salga oficialmente a la luz. Cuando compruebe por sí mismo que su novela no está disponible en ninguna librería, o en muy pocas (y seguramente por petición del autor o alguno de sus lectores), y que por supuesto ni está ni se la espera en El Corte Inglés, FNAC o Casa del Libro, le pedirá explicaciones a la editorial. Esta le asegurará que la demanda ha sido tan grande en librerías pequeñas que han colocado todos los ejemplares y ya no les queda ninguno. O le echará la culpa a la distribuidora. O cualquier cosa menos reconocer la verdad:que no han imprimido los ejemplares que en principio habían asegurado. O que, de hacerlo, ni siquiera los han movido de su almacén. En los siguientes artículos veremos por qué.

En el próximo artículo seguiremos hablando sobre este tipo de prácticas, que llevan a estrategias tan mezquinas como esconder las cuentas o tricuñuelas todavía más truculentas, como auténticas estafas que han sido condenadas en sede judicial.

 

Fuente; http://javierpellicerescritor.com/2014/03/24/fraudes-editoriales-y-otras-malas-practicas-i/

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