6 amigos del escritor

sobre escritura

“Trabajo todos los días, rigurosa y disciplinadamente.” Rosa Chacel.

Por lo general, los escritores no tienen tantos amigos como enemigos. A menos, claro está, que estemos hablando de un escritor de éxito, que suele tener más amigos que enemigos, y más amigos de los que cabría suponerle en caso de que no hubiera sido alcanzado por el éxito.

Pero no hablaremos hoy de amigos físicos, sino de amigos en el sentido de ayudas de las que puede proveerse un escritor en el desempeño de su labor. Anteriormente hemos hecho un repaso escueto de 6 enemigos del escritor, hagamos ahora un repaso de 6 amigos del escritor.

Antes de empezar, es preciso advertir y recordar a quien siga creyendo en romanticismos, que la de escritor es una profesión demasiado idealizada por quienes no lo son.

1.- Persistencia y disciplina

El primer amigo que cabe mencionar, y sin el cuál los otros tal vez nunca vendrían a la fiesta, es la persistencia. Persisto luego escribo; el que persiste la consigue; escribo luego persisto; persisto luego existo y persisto luego éxito. Esta podría ser muy bien la secuencia lógica de los efectos positivos que tiene la persistencia en la vida y el oficio de un escritor.

De la persistencia, el escritor puede hacer su rutina, su camino, su forma de vida. Los éxitos no llegan solos, hay que ir a buscarlos y, las más de las veces, hay que ir a buscarlos bien lejos, sorteando un sinfín de obstáculos y dificultades.

La persistencia ayuda a un escritor no solo a terminar una obra, incluso las que se enquistan, endurecen y resecan; sino que también le ayuda a mejorar una obra una vez terminada. La persistencia ayuda a un escritor en su búsqueda de la perfección, una búsqueda que no siempre tiene por qué terminar con la perfección absoluta, pero siempre con la perfección máxima a la que pueda aspirar la obra en curso dentro de sus posibilidades y circunstancias.

2..- Organización y disciplina

Otro gran amigo del escritor, suele ser la organización del trabajo. Entre las herramientas que ayudan a un escritor a organizar su trabajo podemos destacar, las fichas de los personajes o los esquemas narrativos.

Aunque esto no es compartido por algunos grandes escritores, como ocurre por ejemplo en el caso de Juan José Millás; convertido casi en un voyeur de su propia novela, cuando afirma que prefiere ir descubriendo la trama a medida que ocurre ante sus ojos. Yo, personalmente, creo que ese descubrimiento también puede hacerse durante la realización de los esquemas narrativos, ya que del mismo modo se va descubriendo la trama a medida que tiene lugar. Es cierto que luego, convertir ese esquema en una novela, puede perder un poco de interés, ya que conocemos la historia que vamos a narrar, pero el oficio del escritor no acaba en la invención o descubrimiento emocionado de una trama, ¿qué es sino narrar esa historia, el oficio del escritor? Y, por otra parte, estoy convencido de que ningún escritor, ni siquiera Juan José Millás, considerará terminada su obra solo con poner la palabra “fin”, del trabajo de lectura, re-lectura, y correcciones varias no se libra nadie; incluso hay quien afirma que tras las obras de García Márquez hay una legión de correctores de estilo.

3.- El diccionario y la disciplina

El diccionario o, mejor dicho, los diccionarios, deben ser una prenda de vestir más para el escritor. Del mismo modo que uno no suele salir a la calle sin ropa interior, tampoco debiera aventurarse a escribir sin un diccionario a mano. Resultan básicos el de la Real Academia, uno de sinónimos y antónimos; y ya, en segundo término, pero no por ello descartables, uno etimológico; uno de frases hechas; uno de giros y locuciones; uno de parentescos insólitos del lenguaje (*); uno de atentados contra el idioma español (*); uno de incorrecciones, particularidades y curiosidades del lenguaje (*); o incluso un diccionario inverso que permite la búsqueda de un término concreto a partir de alguna de las palabras contenidas en su definición, éste está disponible en la página web:www.dirae.es (acrónimo de Diccionario Inverso de la Real Academia). Aparte quedarán los temáticos que cada obra requiera, como los diccionarios de términos de arte, o de términos históricos, por ejemplo.

4.- El tiempo y la disciplina

El tiempo es un gran aliado del escritor, y no solo para la elaboración de los textos, sino también para su curación o envejecimiento. Un texto no debe ser revisado o corregido inmediatamente después de haberse terminado. Un texto requiere de tiempo y distancia, y más que el texto, es el propio autor quien lo requiere, ya que gracias a ellos, verá con otros ojos el texto que debe revisar y corregir. Después de ese tiempo, los frutos de la revisión/corrección son mucho más patentes y beneficiosos para el texto. Es casi imposible señalar un tiempo de reposo para un texto, pues depende de muchas variables, como el tema, la extensión, la finalidad, o la cercanía del propio autor con él, entre otras.

5.- La relectura en voz alta y la disciplina

Releer en voz alta una obra una vez terminada es una de las mejores maneras de revisar y corregir, entre otras cosas, los signos de puntuación, pero también la musicalidad del texto. El objetivo último de estas re-lecturas, pues es casi seguro que serán necesarias varias, es que el texto que hemos escrito diga lo que queríamos (o hemos empezado a querer) que dijera.

6.- La tijera y la disciplina

Acabaremos este repaso de amigos del escritor con otro de los grandes: la tijera. No hablamos de censura, no hablamos de economía o ahorro de caracteres, palabras, líneas, párrafos o páginas. Hablamos de concretar, sintetizar, casi se podría decir esquematizar la historia que estamos contando. Aquello que le es accesorio, probablemente le sobre. Lo que para ser dicho precisa de 2 líneas, no debe decirse en 5 líneas.

Nota: Como resulta obvio, la disciplina es algo que no puede faltar en cualquier recuento de amigos del escritor. La disciplina lo es todo, pues sin disciplina el oficio de escritor se queda en afición y, a menos que ésa sea la meta a conseguir, se debe ser disciplinado. Decir que eres escritor no hará que lo seas, escribir sí. Dice Almudena Grandes: “Uno de los instrumentos esenciales del oficio que aprendí en los años en que escribía por encargo para las editoriales es a levantarme para trabajar en casa de igual manera que otros se levantan para ir a trabajar a un banco. La disciplina es indispensable para ser escritor.” O Rosa Chacel, quien asegura que trabaja todos los días rigurosa y disciplinadamente.

(*) Estos diccionarios existen con ese mismo título

Fuente; http://letrasinquietas.es/6-amigos-del-escritor/

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