Cómo pasé de escribir 2000 palabras al día a 10000 palabras al día

sobre escritura
¡Hola! Llevaba bastante tiempo queriendo mostrarles esta entrada, que detalla como optimizar el tiempo que le dedicamos a la escritura para sacarle más provecho. Quien lo escribió fue Rachel Aaron, quien ya tiene nueve novelas por el pecho. Me decidí a traducir su entrada How I Went from Writing 2000 Words a Day to 10000 words a day porque me vi reflejada en su experiencia y sus consejos me ayudaron a duplicar mi conteo de palabras diarias de 500 a 2000. Espero que a ti también te ayude.
Nota: esta fue una traducción que hice a la carrera, así que me tomé un montón algunas libertades, pero sí me preocupé por transmitir el mensaje de la forma más clara y precisa posible.
Bueno, sin más, la traducción:

Cuando comencé a escribir The Spirit War (la cuarta novela de la saga de Eli), tuve un pequeño problema. Tenía un bebé nuevo de paquete y mi vida (como la de toda madre nueva) estaba de patas arriba. Le pagaba a una niñera cuatro veces por semana para así tener tiempo para escribir, y protegía esas horas como una mamá osa protege a sus cachorros: con ferocidad y una violencia capaz de destrozar al incauto. Para mantener mi cronograma y alcanzar mis fechas límite, tenía que escribir 4000 palabras en cada una de las sesiones cuidadosamente planificadas. Pensé que sería fácil. Después de todo, antes de renunciar a mi trabajo para escribir a tiempo completo había estado escribiendo 2000 palabras en las tres horas antes del trabajo. Seguramente, con las 6 horas libres, 4000 palabras no me harían ni sudar… 
 
Pero (claro), las cosas no funcionaron así. Cada día me sentaba para añadir 4000 palabras a mi nuevo manuscrito. Estaba determinada, tenía experiencia, conocía mi mundo. No había ninguna razón que me impidiera llegar a las 4000 palabras. Pero al terminar cada sesión, solo había añadido 2000 palabras a mi conteo, la misma cantidad que escribía antes de renunciar a mi trabajo.
 
Huelga decir que me sentí como un completo fracaso. Ahí estaba yo, una escritora profesional con tres libros a punto de salir, y ni siquiera podía superar el límite de cuando era novata. Al principio elaboré excusas: esta novela era la más complicada de los libros de Eli que había escrito, estaba cansada porque mi hijo cree que las 4 de la mañana es un buen momento para jugar, etc. etc. Pero la verdad es que no tenía ninguna excusa. Tenía que hallar una forma de incrementar mi conteo, y con meses de estar escribiendo solo 2000 palabras, tenía que hallarla rápido. Así que me convertí en científica. Reuní datos y elaboré experimentos, y terminé incrementando mi conteo cuatro veces más de lo que pensé posible, y lo hice al tiempo que mejoraba mi escritura más que nunca.
 
Cuando le dije a la gente de ConCarolinas que había pasado de escribir 2000 palabras diarias a 10000 palabras diarias, el interés fue increíble. Todo el mundo quería saber cómo lo había logrado, y al fin me cansé tanto de contar la misma historia una y otra vez que decidí escribirlo aquí. 
 
Bueno, ahora sí, aquí está la historia de cómo pasé de escribir 500 palabras por hora a más de 1500, y espero que tú también puedas lograrlo.
 
Una nota rápida: hay muchas escritores buenos y exitosos ahí afuera que consideran que escribir rápido es la fórmula para convertirse en un escritorzuelo. Discrepo. Mis métodos solo eliminan la basura, el tiempo gastado en desviaciones innecesarias, no el tiempo empleado en tomar decisiones argumentales o léxicas. No se trata de elegir entre escribir arte o escupir novelas por mera comercialización (aunque admito que me gustan las novelas comerciales), sino de no perder el tiempo en tareas innecesarias.
 
Incrementar el número de palabras que escribes por día es fácil. Solo requiere un cambio de perspectiva y la habilidad de ser honesto contigo mismo (que es la parte difícil). Como soy una friki colosal, terminé creando una métrica, un triángulo con tres requisitos: conocimiento, tiempo y entusiasmo. Cualquiera de estos tres puede mejorar tu conteo, pero los tres combinados pueden convertirte en una máquina. Nunca empiezo a escribir sin tenerlas las tres.

Requisito 1: conocimiento, o sabe lo que vas a escribir antes de que lo escribas

El primer estímulo que recibió mi conteo diario ocurrió casi por accidente. Yo solía ser de las que abrían la laptop y empezaban a escribir. Bueno, tampoco era una escritora que se inventaba todo mientras escribía. Tenía una idea general del argumento, pero mis notas eran “Miranda y Banage discuten” o “Eli le roba al rey” y cosas así. No eran de gran ayuda, pero por lo general sabía hacia dónde dirigirme, y me gustaba dejar que los personajes decidieran cómo se desarrollaría la escena. Desafortunadamente, esto significaba que perdía mucho tiempo reescribiendo y retrocediendo cada vez que las escenas se salían de curso.
Así había estado escribiendo toda mi vida; se sentía natural. Pero un día me metí en un total desastre. Llevaba tres días hundida hasta el cuello en la misma escena. Estaba muy por detrás de mi conteo y me enfrentaba a la posibilidad de no terminar para la fecha límite… otra vez. Me golpeó la tormenta de todas mis inseguridades, así como la angustia de defraudar a la gente combinada con el temor de que en realidad no sabía lo que estaba haciendo: no era ninguna escritora, sino una amateur pretendiendo ser una. Pero mientras me frustraba más y más conmigo misma, miré la pantalla y de repente me di cuenta de que era una completa idiota. Ahí estaba yo, luchando contra el tiempo, luchando contra una escena, y aún así estaba haciendo la parte más difícil de escribir (saber exactamente qué tiene que pasar para ir de una escena a otra de la forma más emocionante posible) de la forma menos efectiva posible (mientras escribía). 
 
Tan pronto me di cuenta de esto, paré. Cerré mi laptop y saqué mi libreta. Luego, en lugar de intentar escribir la escena de la novela, garabateé una versión muy abreviada y hasta truncada de la escena. No describí nada, no hice transiciones. No estaba escribiendo, solo estaba anotando lo que escribiría llegado el momento. Me tomó como cinco minutos y tres páginas de papel resolver mi aparentemente irreparable escena, la misma que me había estado carcomiendo por tres días de mi vida antes de que probara esta estrategia. Y lo que es mejor, después de que anoté todo pude ir directo a la escena y terminarla en tiempo récord. Las palabras volaron por la pantalla, y al final de la sesión había escrito 3000 palabras en lugar de 2000, la mayoría de ellas en la última hora y media.
 
En retrospectiva, era tan simple que me siento estúpida por no haberlo pensado antes. Si quieres escribir más rápido, el primer paso es saber qué vas a escribir antes de escribirlo. No es que tengas que saberlo todo, sino elaborar los detalles por los que discuten los personajes, esbozar peleas, garabatear descripciones rápidas. Escribir estas cosas en palabras que quieres que los demás lean, sobretodo si te lo estás inventando mientras escribes, toma una ETERNIDAD. Es terriblemente ineficiente y cuando terminas en un callejón sin salida, tienes que borrar cientos, sino miles de palabras para salir de ahí. ¿Pero tomar apuntes? No cuesta nada. Y si la escena que estás esbozando empieza a desviarse, lo ves de inmediato, y todo lo que tienes que hacer es tachar las partes que no sirvieron y empezar desde el inicio. Eso es todo. Ninguna palabra perdida. Fue algo jodidamente hermoso.
 
Después de esta revelación, le dediqué cinco minutos (a veces más, a veces menos) a anotar una descripción rápida de lo que iba a escribir en esa sesión. A veces ni siquiera era un párrafo, solo una lista tipo “pasa esto y luego aquello”. Este simple cambio, esos estúpidos cinco minutos, hicieron que mi conteo se disparara. De 2000 palabras diarias pasé a escribir 5000 una semana después sin incrementar mis bloques de escritura. Algunos días hasta terminaba temprano.
 
De los tres lados del triángulo, considero que el conocimiento es el más importante. Solo este paso duplicó mi conteo. Si solo quieres cambiar una cosa a la vez, recomiendo que cambies esta. 

Requisito 2: tiempo

Ahora que había conseguido tanto con solo un cambio, empecé a preguntarme qué más podía cambiar para que mi conteo subiera. Pero mientras buscaba otras cosas que alterar, me di cuenta de que apenas sabía nada de mi proceso para escribir novelas. No mantenía registros de mi progreso, ni siquiera podría decir cuánto tiempo me tomó escribir mis últimas tres novelas; solo tenía estimaciones, entradas de celebración en mi blog y recuerdos vagos de conteos pasados. Era como si hubiera empezado cada libro lanzándome contra el teclado y rezando por que mi novela saliera disparada de mis dedos antes de la fecha límite. Y ten en cuenta que este es mi trabajo. ¿Te imaginas a un panadero o a un diseñador freelance trabajar de ese modo? ¿Sin llevar un registro de las horas trabajadas ni saber cuánto le llevó producir lo que vender? Sí, definitivamente era una forma muy estúpida de trabajar.
 
Si iba a aumentar mi conteo (o al menos saber cuánto me tomaba escribir una bendita novela), tenía que saber qué estaba produciendo en primer lugar. Así que comencé a llevar un registro. Todos los días que tenía una sesión de escritura anotaba en un documento de Excel el tiempo en que empezaba y acababa, cuántas palabras había escrito y en dónde estaba. Hice eso por dos meses y luego busqué patrones.
 
Algunas cosas se hicieron evidentes de inmediato. Primero, mi productividad era mucho mayor cuando estaba en un lugar diferente de mi casa. Es decir, un sitio sin internet. Las tardes que escribía en un café sin wi-fi eran el doble de productivas que las mañanas que escribía en casa. También vi que, mientras que el tiempo del que disponía era la raíz de toda escritura, no todas las sesiones eran iguales. Por ejemplo, los días que solo tenía una hora para escribir no podía pasar de las 500 palabras. En contraste, los días que tenía cinco horas de pura escritura lograba llegar a las 1500 palabras por hora. Los números eran claros: entre más escribía, más rápido lo hacía (y entre más escribía, lo hacía mejor y se hacía más fácil). Claro, el correspondiente incremento entre las palabras escritas y las horas solo funcionaba hasta cierto punto. Había un declive en el conteo después al alcanzar las 7 horas porque sencillamente mi cerebro ya estaba frito.
 
Pero estas cifras son muy personales. Al punto al que quiero llegar es que al registrar mi progreso día a día, tenía la información necesaria para optimizar mi escritura diaria. Una vez tuve todos los datos a mano, reorganicé mi horario para asegurarme de que mi tiempo de escritura fuera siempre en la tarde (mi período más prolífico según mi hoja de Excel, lo cual fue un verdadero descubrimiento. Habría apostado que escribía más en las mañanas) y siempre en el café sin internet y con un mínimo de 4 horas. logré alcanzar entre 6000 y 7000 palabras por día, y eso sin añadir horas adicionales. Todo lo que tuve que hacer fue investigar qué constituía un buen momento para escribir para mí y luego asegurarme de obtenerlo.
 
Aunque no puedas permitirte el lujo de tener 4 horas de escritura sin interrupciones en el momento más cómodo, en verdad te recomiendo mantener un registro cuando escribes. Aunque solo tengas una hora al día, escribir una hora en la mañana algunos días y en la tarde otros y medir los resultados puede ayudarte a no desperdiciar el preciado tiempo que tienes. El tiempo en verdad importa. 

Requisito 3: entusiasmo

Estaba que volaba con mis descubrimientos. En el transcurso de dos meses había subido mi conteo diario de 2000 a 7000 por día con tan solo unos cambios simples y, por primera vez en toda mi carrera, estaba por delante de mi cronograma. Pero todavía no había acabado. Estaba decidida a romper la barrera de 10000 palabras diarias.
 
La había roto antes. Usando los dos lados del triángulo, había logrado algunos días por encima de los 10000, incluyendo uno que escribí 12,689 palabras, o dos capítulos, en 7 horas. Para ser honesta, había estado escribiendo más de lo que solía escribir usualmente además de lo que normalmente escribía esos días, así que no fue un completo salto de pura eficiencia. Pero eso es lo maravilloso de escribir rápido, la novela no te deja en paz y te encuentras escribiendo cada vez que puedes por puro deleite. Y lo que es mejor, esos días que lograba exceder las 10000 palabras, también superaba mi promedio de palabras por hora: entre 1600 y 2000, en lugar de 1500. Era claro que esos días eran especiales, pero no sabía por qué. Solo sabía que quería que esos días fueran la norma y no la excepción, así que volví a mis registros (que ahora llevaba meticulosamente) para averiguar por qué esos días eran diferentes.
 
La respuesta fue tan obvia que me quise dar una bofetada. Los días que rompía la barrera lo lograba porque estuve escribiendo escenas que me estaba muriendo por escribir desde que planifiqué el libro. Eran el postre, las escenas por las que escribí todo lo demás. Por contraste, mis días malos (los que apenas llegaba a las 5000 palabras) correspondían a las escenas que no me enloquecían.
 
Fue un momento “duh” para mí, pero me trajo un problema perturbador. Si tenía escenas que eran tan aburridas que no quería escribirlas, entonces no habría forma ni manera de que alguien quisiera leerlas. Esta era mi novela, después de todo. Si yo no la amaba, nadie lo haría.
 
Por fortuna, la solución fue, una vez más, estúpidamente simple. Cada día, mientras estaba garabateando mi pequeña descripción de lo que iba a escribir, jugaba con los detalles en mi cabeza para intentar entusiasmarme con ello. Buscaba ganchos para atraer al lector, partes que me interasaban más, y me enfocaba en esas porque obviamente eran las que hacían que la escena fuera genial. Si no podía encontrar nada que me entusiasmara, cambiaba la escena, o la eliminaba por completo. Decidí entonces que, sin importar cuán útil pudiera ser una escena para la trama, no había lugar para escenas aburridas en mi novela. 
 
Este descubrimiento terminó siendo algo fantástico. Eliminé y reescribí un montón de escenas y el efecto fue increíble. Además, mis cifras volvieron a subir porque siempre estaba entusiasmada con mi obra. ¡Doble bonificación!

La vida cuando escribes 10000 palabras al día

Con todos los lados del triángulo en su lugar, logré escribir entre 10000 y 12000 palabras al día para cuando terminé Spirit’s End, la quinta novela de Eli. Superaba mi cronograma por dos meses, y solo me había tomado 3 meses escribir la novela en lugar de los 7 meses que me tomó Spirit War (cosa que sabía porque ahora estaba manteniendo registros). Estaba adelantada y aún me quedaba mucho tiempo para corregir lo necesario antes de que tuviera que enviarle mi novela a mi editor. Estaba más feliz que nunca con mi escritura. Hubo muchos días en los que cerraba mi laptop y salía del café sintiéndome embriagada de tanto escribir. Me sentía en la cima del mundo, completamente invencible y más feliz que nunca. Escribir tanto tan rápido era como tomar opio del éxito, y yo me había hecho una adicta. Una vez alcanzas 10000 al día por una semana, lograr menos se siente como si te estuvieras arrastrando. 
 
Bueno, 10000 es mi punto alto como autora profesional cuyo hijo está en la guardería (NO TIENE PRECIO). Escribo de 6 a 7 horas por día, usualmente 2 por la mañana y 4 o 5 en la tarde, 5 días por semana. Para ser honesta, creo que esto solo puedes disponer de esa cantidad de horas si eras un novelista a tiempo completo, pero eso no significa que tengas que abandonar tu trabajo para incrementar drásticamente tu conteo diario.
 
Así que tal vez 10000 está muy por encima, pero de la gente a la que le he hablado de esto (un montón) y de los que me han respondido más adelante (no muchos), la mayoría ha duplicado su conteo de palabras al completar los tres lados del triángulo. Esto significa que algunos han pasado de escribir 1000 a escribir 2000, o de 2000 a 4000. Parte de mi éxito se debe sin lugar a dudas a la experiencia (superé la meta de un millón de palabras escritas en algún punto de la quinta novela de Eli). Aún así, creo que la mayor parte de las mejoras vino de los cambios en mi escritura. Así como cambiar tu estilo de vida puede hacer que pierdas cien kilos, cambiar la forma en que te sientas a escribir puede hacer que la cantidad de palabras que escribes se dispare de maneras espectaculares.
 
Si buscas sacar el máximo provecho de tu tiempo, espero que pruebes este triángulo. Si lo haces, por favor escríbeme (o escribe un comentario) y déjame saber. Aunque no funcione (en especial si no funciona) me gustaría oír tu experiencia. Y si encuentras otro truco para aumentar la productividad, ¡déjame saber también! No hay razón por la que nuestro triángulo no pueda ser un cuadrado, y no me molestaría alcanzar las 15000 palabras diarias 😀
 
 
De verdad espero que esto te ayude a alcanzar tus metas. ¡Buena suerte con tu escritura!
 

 

– Rachel Aaron
Una vez más, acá te dejo la entrada original y la página oficial de Rachel Aaron. Si sabes inglés, por favor pásate por allá a agradecer que compartiera este método. Si te interesa saber más al respecto, Rachel también escribió un libro bastante ameno sobre su método, que recomiendo encarecidamente porque está lleno de buenos consejos.

 

“Have you ever wanted to double your daily word counts? Do you sometimes feel like you’re crawling through your story? Do you want to write more every day without increasing the time you spend writing or sacrificing quality? It’s not impossible; it’s not even that hard. This is the book explaining how, with a few simple changes, I boosted my daily writing from 2000 words to over 10k a day, and how you can, too.”
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