Dónde encuentran placer los editores

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Si tienen razón los que dicen que el libro se muere, las ferias del Libro, como ésta de Buenos Aires, parecen entierros bastante festivos. Y los que no hablan de ese funeral son los editores, particularmente los jóvenes, algunos de los cuales se han juntado en este certamen bonaerense en un stand (Los Siete Logos, que alude a su número, pero también es un homenaje a Los siete locos, del mítico Roberto Arlt) en el que ofrecen una alternativa “rabiosamente literaria” a los catálogos de las editoriales que mandan en el mercado.

Los Siete Logos desafía, con tirachinas de David, el viento huracanado de los grandes grupos. Algunos de sus dardos más acertados han sido ya cooptados por los sellos potentes, y aquí se han hecho fuertes en un rincón de la feria. Diversos, pero complementarios, dispuestos a seguir así, juntándose para competir, por otras ferias del país o del mundo. Guadalajara, Madrid…, “estamos esperando ofertas”, dicen, de broma. De momento, han juntado sus catálogos para esta feria y para otras ferias argentinas, con el propósito de explicar la vitalidad diversa de su apuesta, que son “los libros bien hechos que saquen lo mejor de los lectores, en un solo espacio y como alternativa a lo que ya hay en el resto de la feria”. Y, por tanto, en el resto del mercado.

Están, entre otros sellos, Beatriz Viterbo, Eterna Cadencia, Adriana Hidalgo Editora, Mardulce, Katz…

Ayer hablamos con algunos de ellos. ¿Qué buscan en los libros? ¿Y en qué libros lo han encontrado? Leonora Djament, que ha sido editora en Alfaguara y en Norma, y que ahora está al frente de Eterna Cadencia: “Busco en los libros que leo lo mismo que buscamos en los libros de ficción que publicamos en el catálogo. Textos con algún tipo de riesgo. Libros que hagan diferencia haberlos leído o no. Escrituras que nos exijan como lectores, que nos reclamen una actitud crítica, atenta, despierta. Libros que den ganas de leer con un lápiz en la mano (soy de las que leen siempre con un lápiz en la mano). Novelas y relatos que hablen del presente, pero no en el sentido de ´actual’ o ´de moda’, sino textos que en contacto con el presente ´hagan decir más cosas, otras cosas, a las palabras que tuerzan la lengua, la gramática”.

¿Y en qué libros encuentra esas sensaciones? “Bueno, nuestro catálogo me da mucha felicidad… Voy a nombrar un solo libro nuestro: Una muchacha muy bella, de Julián López, publicado por Eterna el año pasado. Esta novela es uno de los textos más hermosos y estremecedores que leí en mucho tiempo. El tratamiento tan original y provocativo sobre el discurso de la memoria postdictadura y el ´juicio y castigo’ a los culpables, por un lado, y la prosa de un lirismo sumamente inquietante hacen de esta primera novela un libro valiosísimo”.

Damián Tabarovsky es editor de Mardulce, la editorial que ha descubierto, por ejemplo, a Selva Almada, a la que ahora publica Lumen en España, y cuya primera novela, El viento que arrasa, ha sido con muchos méritos un éxito en Argentina. En esa editorial, Tabarovsky, que es también autor (de un ensayo, Literatura de izquierda, Periférica, y de tres novelas que le publicó Constantino Bértolo en Caballo de Troya), ha rescatado los Ensayos literarios de José Carlos Mariátegui o La flor pisoteada de Ronald Firbank. Él busca en los libros “quizá dos cosas al mismo tiempo: la posibilidad de ejercer una dimensión crítica, un estímulo intelectual como efecto de una prosa radical, y a la vez una experiencia hedonista, de mucho placer, casi físico. Cuando ambos aspectos se dan a la vez –sea en una novela, en un ensayo—soy inmensamente feliz”. ¿Y dónde lo encuentra? “En muchos de los libros de Mardulce he encontrado eso que ´busco’ (pienso, por citar unos pocos, en Un año de Jean Echenoz, en El viento que arrasa, de Selva Almada, en El gran libro del dandismo, con textos de Baudelaire, Balzac…, en la Antología esencial de Carlos Monsiváis, en Subrayados, de María Moreno…). Pero para mencionar también otros libros de otras editoriales amigas, con las que compartimos stand en la Feria del Libro, diré Árbol de Sassure, de Héctor Libertella, de Adriana Hidalgo Editora, y El absoluto literario, de Jean-Luc Nancy Philippe Lacoue Labarte, de Eterna Cadencia”.

Aún en el marco del stand de Los Siete Logos fuimos con las mismas preguntas a Andrea López, que ha sido librera y editora en Colombia, y ahora ejerce en la editorial de Adriana Hidalgo. Ella quiere encontrar “hospitalidad” en los libros; “hospitalidad entendida como un gesto de amor a los extraños… Me gusta mucho la idea de que un libro me reciba y me responda a mis necesidades básicas del momento, que siempre pueden cambiar en medio del eterno viaje como lectora. Por ahora”, dice, “me gusta que aclare mi pensamiento de tanto ruido constante, que ilumine de manera renovada alguna idea o cuento viejo, y también que me entretenga”. ¿Y en qué libros lo encontró? “Lo encontré recientemente en Kassel no invita a la lógica, de Enrique Vila-Matas, y en un libro muy bello de cruces entre escritura y dibujo: El topo ilustrado con textos del filósofo Tobías Schleider y dibujos del artista Christian Turdera”.

Fuera del ámbito de Los Siete Logos acudimos con la misma encuesta a editores del mainstream, por llamar así a los sellos veteranos. Mariano Roca, de Tusquets, dice que él busca emoción en los libros, “satisfacer la curiosidad, que los libros estén vivos, que conversen con vos… Y ahí he encontrado, así, Proleterca, de Fleur Jaeggy, que cuenta cosas emocionantes de la infancia, con un despojo y una frialdad que sobrecoge”. Julia Saltzman, de Alfaguara, busca, como desde hace cincuenta años, “libros genuinos, libros que hayan sido escritos por necesidad, porque sólo así se hacen necesarios para los lectores, libros que ayuden a perseguir el sentido de nuestro pasar y nos hagan creer, mientras duran, que lo hemos capturado”. En la mano lleva Los cansados, de Michele Serra, que su editorial publica ahora y que cumple, según ella, esos requisitos de emoción y pasión a los que también aludió su colega Roca.

Finalmente, entramos en el abigarrado y “vetusto” despacho del decano de los editores independientes argentinos, y entre los más clásicos del mundo del español, Daniel Divinsky, de Ediciones de la Flor. Sus respuestas: “Yo busco mi propio placer, y que los libros den placer a otros. Mi única investigación para publicar es que me guste el libro que leo… Y me apasiona el momento en que el libro está hecho. Que se venda tampoco me cambia la vida. ¿Que dónde he hallado ese placer que busco en los libros? En los de George Steiner. Y últimamente, en los de Carrère. ¿Has leído Limonov? ¡Pero no te lo pierdas, pibe!” Ahora está a punto Divinsky de publicar sus memorias. El título del libro de sus recuerdos alude a los libros y parte de un verso de Paco Urondo: Lo mejor que conozco. Y lo mejor que conoce el veterano Divinsky “son los libros”.

Fuente;http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/30/actualidad/1398864588_681871.html

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