Salen a la luz varios escritos inéditos de Leopoldo María Panero

Leopoldo María Panero (1948-2014), recientemente fallecido, dejó abandonados en la vivienda que ocupó durante años en Las Palmas de Gran Canaria, varios poemas, cartas y otros efectos personales.

Uno de los poemas está mecanografiado sobre una cuartilla con el membrete del centro psiquiátrico Hermanos San Juan de Dios de Arrasate, una de las instituciones sanitarias por las que pasó el poeta a lo largo de su vida, y consta de doce versos:

“Un ciervo herido es el que más salta

lo oí decir a un antiguo cazador

no es sino por el éxtasis de la muerte

que actúa el freno.

La piedra golpeada brota en manantial

el acero pisoteado se comba

una mejilla está siempre más roja

justo donde más pica.

La alegría es el caballero de las angustias

en ella resguarda su brazo

para que nadie pueda ver la sangre

y gritar: ‘Estás herido’.

 

El periódico Canarias7 publica hoy los poemas, textos en prosa y cartas que Panero, fallecido la semana pasada en el Hospital Juan Carlos I de Las Palmas de Gran Canaria, entregó en una caja a un vecino de la ciudad, junto a libros de otros autores dedicados a él y algunas fotografías.

El editor del poeta, Antonio J. Huerga, ha confirmado que esa composición no figura en ninguno de los textos publicados de Leopoldo María Panero, como tampoco lo están otros de los escritos guardados en esa caja abandonada.

Entre ellos, aparecen otros dos poemas firmados junto con José Luis Pasarín Aristi y Mariano Íñigo en el bar Noski de Arrasate “un 14 de febrero cualquiera”:

Las linternas de la luna

“Tus ojos tienen la sed de los presos

y el amor de las salvas,

y caigo bajo la luna

que dibuja sola mi figura

en la celda del condenado a muerte

en la celda de la nada

donde los cuernos de un ciervo embisten a la razón.

¿Qué hay en este bosque

además del esperma amarillo de los sauces?

La risa atormentada de los labios de una ninfa.

 

El beso de los ahogados

“Toco húmeda la vagina

en donde nadie me espera

oí tu voz una noche

en la cual los gatos hacían un collar de pétalos azules.

Luego había unas florecillas que olían a mierda

y una muchacha se recreaba

mirando el culo de una libélula,

era un 14 de febrero en Arrasate

mientras me mirabas el alfabeto

y el futuro yacía a los pies del desastre.”

Esas composiciones han salido ahora a la luz con el consentimiento de su dueño, que ha querido permanecer en el anonimato, después de estar durante años guardadas en una caja con varias posesiones que Panero le dejó en una vivienda donde residió a su llegada a Las Palmas de Gran Canaria, hace 16 años, antes de ingresar en el hospital donde falleció finalmente.

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