Espejo por Kali Suzume

La vida es como un espejo, te muestra tus virtudes y tus defectos, en cada uno está la posibilidad de contemplarse y aceptar todo o sólo que uno quiere.

La vida es como un espejo, frágil y delicado, con cualquier golpe se puede romper.

Eso es lo que le ocurrió, un golpe y todo se vino abajo en pequeños fragmentos que reflejan la mirada perdida y desgarradora de una mujer que lo ha perdido todo. Su vida, sus sueños, sus anhelos, sus labios, sus besos, sus caricias… su amor.

Quiere soñar, olvidarse y dejarse caer en ese olvido, en ese vacío hueco, para que nada ni nadie la haga daño de nuevo.

De qué sirve todo lo que hay alrededor si ha perdido su color, su olor y su luz, ya no queda nada por lo que seguir.

Sin embargo mira al suelo, se encuentra con miles de fotos rotas, cuadernos de amor destrozados por el vil destino, zapatos desparejados, ropa rota y desgarrada. Nos creímos dioses de nuestra propia vida y nos olvidamos de nuestro propio fin, eso es algo que nuca se puede cambiar, la muerte es el final de nuestra carretera que recorremos con pies descalzos, por el camino vamos sangrando, pero con el tiempo los cayos y las durezas hacen que podamos caminar mejor y seguir adelante.

Sin embargo, porqué duele tanto, porqué no podemos pensar en nuestra propia desaparición ¿y de los que nos rodean? Somos un sin sentido. Dónde se encuentra la razón de nuestra propia existencia…. quizás en nuestro propio corazón.

Ella alza su cara, jóven, lisa y con ojos llorosos, el rimmel corrido en sus mejillas y lágrimas recorriendolas. No sabe qué hacer, la desesperación le atormenta su frágil corazón.

La risa, los besos, las caricias, los abrazos, las discusiones, las travesuras… ahora forman parte del pasado. Pero ese pasado no puede aceptarlo. ¿Dónde está su norte ahora?

Mira el espejo, la devuelve su mirada, confusa y perdida. Alza la mano para tocar su propio reflejo, buscándose a sí misma en ese reflejo, sin embargo no lo encuentra, sólo ve a una extraña.

Un ruido interrumpe sus pensamientos, parece unos pasitos pequeños, una mano aferra el borde la puerta y la observa, esa pequeña criatura sabe que sufre, pero no entiende su dolor. Las miradas se cruzan.

Entonces la recorre el amor, el dolor, la pérdida y la ternura. Aquella criatura, el legado de su amor, es todo lo que queda, y de repente ve todo claro, debe aferrarse con todas sus fuerzas a él, no debe perderlo jamás.

El espejo devolvió el reflejo de su pequeño amor, la razón de su existencia, la necesidad de seguir viviendo sólo por él.

El amor de una madre.

Por Kalí Suzume

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