Amanecer rojo por Kali Suzume

El roce de un vestido irrumpe en una sala llena de gente, que, expectante por la interrupción observa a la recién llegada. Todos portadores de máscaras no osan desvelar el misterio de la noche que hay en sus rostros. Pues pierde diversión el encuentro.

Un dulce aroma interrumpe la sinfonía de olores nocturnos, fresco como el amanecer, cálido como los primeros rayos de sol. La jóven con paso gatuno esquiva a la gente de la profunda sala, dónde sus ventanales hacen que esa noche se pueda creer en la magia, dónde luces y aroma mágico conviven una vez al año.El roce de vestidos levanta levemente polvo y lo mezcla con el aroma mágico.

La joven de vestido crema, ceñido de cintura y adornado con perlas  juega con su máscara y su pelo, dirigiéndose al final de la sala, dónde decide reposar en una columna, allí se queda ella, erguida, provocativa. Deseable. Como coronado, su moño deja entrever bucles en dos mechones castaños que caen en pendiente hacia sus senos, provocando mayor fascinación. Parece esperar algo o a alguien, pues pobres desdichados aquellos que con sonrisa traviesa intentan hacerla bailar, pues, rechazados los hace marchar.

La noche avanza, y con ella el ciclo lunar, la luna deja que sus rayos plateados intenten abrirse paso para ver la danza a través de los coloridos cristales que provocan una atmósfera de ensueño, y cuyos ventanales reflejan la escena nocturna exterior, como espejo irreal muestra un bosque tranquilo y sereno.

Pero algo interrumpe en la noche, o más bien en el baile, pues un nuevo visitante a acudido al baile, y portador de sonrisa misteriosa se mezcla con la multitud, observando la mansión, observando la lámpara que cuelga del techo decorado con querubines de sonrisa curiosos, observador de los músicos de la esquina de la sala, elegantes con sus instrumentos. Pero quizá aquello que más observa es la figura misteriosa e irresistible que como esculpida está apoyada en la columna.

Se acerca a ella, pero ni si quiera se molesta en mirarle, cosa que nunca antes le habían hecho pues todos le consideraban atractivo e irresistible pero cortesmente se coloca frente a frente y se observan. El posee corte galán, cabello corto a la altura de las orejas, labios rosados como fresas de temporada, estatura alta, pero lo más sorprendente serían sus ojos verdes como hoja de árbol, como la primavera.

Pero ella implacable no se deja seducir e ignorándolo da por concluido el examen. Sin embargo el paciente la observa, tal vez por el deseo embriagador que le producía verla, o tal vez la curiosidad del tacto de su piel, tal vez su rostro aristocrático, su nariz perfecta y erigida, sus labios carnosos, pero no, sin duda son sus ojos irresistiblemente abrumadores, cambiantes como día y noche, castaño oscuro. Como un pozo sin fondo, pero cálido como el fuego abrasador.

Sin proponérselo la tiende la mano y la invita a bailar.

Esa noche no se olvidará fácilmente roce de vestidos, aroma abrumador y mágico.

Alba llega a lo que parecía noche interminable, dónde el astro rey reclama su gobierno con las primeras luces que llegan e inciden sobre rostros ocultos. El ensueño se rompe y con ella termina la magia, el misterio y la noche arranca nuevas fragancias, llevándose con ello la magia que gobernaba durante horas nocturnas.

Con beso en labios y roce de manos se separan de la sala de baile, mujeres estiran las manos como si puediesen alcanzar la distancia que las separa, y hombres que sin dejar de mirar hacia atrás se alejan silenciosos.

La magia acabó, la noche terminó, ya poco se puede hacer pero tal vez después de roce de vestidos y misterio se consigan desvelar secretos, pues no todos terminarán bien.

Unos ojos castaños se abren de par en par tras quitarse la máscara que protegía su identidad y con ella su vida. Ya que por ello bailó, secretos y misterio hacen irresistible la noche de emoción embriagadora aunque de sangre se halle teñido el alba aunque no sólo incita a que el día comience con unos sollozos. Un grito desgarrador que heló la sangre de los invitados que se llenaron de temor, por un pobre desgraciado quien de muerte se ha pronunciado, y sorprendente pasión ha llevado al asesinato ,pues el joven que después de gritar de amor se suicidó ya que a su amada acababa de matar y de amor su corazón se rompió. El frio helado de la muerte fue atravesando vertiginosamente el cálido y sufrido corazón, brotando sangre que se escapa del infierno sufrido para internarse al castigo eterno, pero un descanso del dolor en vida se llevó ese pobre diablo que de amor se prendó.

Kalí Suzume

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