Ya no estás sola por Kali Suzume

Mamá, estoy bien. Ya no estaré nunca más sola.

Mamá, ¿allá en el cielo se está bien?

Sangre, llévate todo este pesar, deja que todo mi dolor escape de mi cuerpo e inunde el suelo del color de mi alma.

Deja que el río de la vida escape de mí, porque, yo ,no lo quiero. Yo no lo pedí.

¿Porqué me traicionaron?

Os voy a contar una historia, una historia de traición.

Cuando te sientes sola, intentas buscar a alguien con quien compartir tu soledad, con quien compartir tus gustos, tus sentimientos y tu libertad.

El problema radica cuando esas personas te traicionan, te hieren y te tiran al suelo como un juguete del que se han cansado.

Todo tiene un comienzo, bien, os contaré el inicio de esta historia.

Comenzó, como suelen empezar estas cosas, con un joven adolescente que se siente desubicado, igual que todos los adolescentes. Hasta que descubre a un grupo de personas con las que compartir sus gustos, con los que uno se siente arropado y siente que ha encontrado un sitio en el que estar.

Pero como todo, esto se rompe, descubres que tus supuestos amigos no son mas que una fachada en la que se escudan, que buscan sus propios anhelos y deseos. A veces, tú eres el obstáculo. A veces cuando tú no quieres bailar a su son es cuando te conviertes en “non grato”.

Creo que viví mejor en la ignorancia, pero ahora lo pienso y me río de ello, después de todo aprendí muchísimo de esa experiencia, sabéis. Lo malo fue que todo me llegó de golpe.

Tenía muchas ilusiones, muchas ideas para mejorar el mundillo en el que estaba, pero yo solo era un peón, alguien de quien aprovechar su ingenuidad.

Quise crear una asociación, un club en el que la gente diferente pudiese cobijarse, relacionarse con gente con los mismos gustos. Para ello nos reunimos un grupo de personas, sólo teníamos que firmar unos papeles, organizar actividades…. Yo siempre ideaba algo nuevo que hacer. Desde subastas de solteros, hasta bodas frikis, pasando por guerrillas de personajes etc… pero eso qué más da ahora mismo.

El caso es que lo recaudado que iba para fondos de la asociación jamás llego. Incluso yo ponía dinero. Eso se lo quedó una persona para su uso y disfrute.

Jamás se llegó a firmar ningún papel para el club.

Al principio sospeché algo, pero como buena ingenua que fui me tragué escusas.

¡Después comenzó lo divertido señoras y señores!

Rumores.

Qué habré echo yo si yo solo quería amigos.

Idiota.

La primera herida picó. Una declaración de amor que rechacé, pero conseguí que mi mejor amiga saliese con quien le gustaba, aunque, más tarde, todo se torciese.

El que creí mi mejor amigo, no desmintió ciertos rumores. Rumores sin fundamento sobre quien hacía qué a quién. El pobre incluso contribuyó a la causa diciendo que a él también le hice qué. Lástima, el sólo quiso ser popular por un breve periodo de tiempo y tener amigos.

Ese fue uno de los golpes duros. Lo peor es que la gente lo creyó, y a mi me dolió.

Poco a poco sin darme cuenta fui hundiéndome en un pozo sin fondo.

El golpe de gracia fue cuando la persona de la que me enamoré se fue tras su Dafne, si sabéis un poco de mitología entendereis a qué me refiero. Si no os lo resumiré en que se enamoró de una persona quien le usó para lo que quiso, yo le advertí sobre ella, pero poco a poco fui quedándome sola.

A nadie le importó y menos a mi. Ya que en mi pozo ya nada podía hacerme daño.

No os equivoquéis, no fue un pozo triste y oscuro. Sino fue un pozo con niebla, en el que ves sin ver, en el que no sientes dolor ni padeces hambre o sueño. Era como estar en el cielo.

Me pregunto si el cielo es igual, si es así debe ser maravilloso. Porque es la primera vez que me sentí bien.

Por eso hubiese sido fácil rendirse,  y dejar que la sangre se lo llevase todo, todo mi dolor, toda mi venganza sobre el suelo frío.

Mamá, perdóname.

Tú fuiste la que no me dejaste en ese pozo, aunque yo quise.

Por desgracia en mi familia somos mujeres luchadoras, y está en mi naturaleza luchar.

Entonces comprendí, vivir es luchar.

Aprendí muchísimo de esta experiencia: que las que llaman putas, no siempre son putas. Que las que son adorables e inocentes son las que más hacen daño, que lo que tú quieres no sale siempre como quieres. En resumidas cuentas, nada es lo que parece, da igual del mundo del que vengas, si eres friki, rapero, cani o gótico, en todos los lugares hay gente así. Lo fácil es rendirse, lo difícil es salir de ahí al mundo real, dónde el mundo se expande ante ti y tienes que luchar por todo, un trabajo, compañeros, estudios, una casa.

Estoy orgullosa de haber sido esa ingenua, de a ver aprendido. De haber sido lo que supuestamente fui “la puta”, porque tranquilos, no fue ni la primera ni la última vez que lo “fui”.

Cuando confías en la gente siempre hay un riesgo, de que termine en una amistad verdadera o que termine como una simple fachada. Con el tiempo aprendes a distinguir quien merece la pena de verdad, y es cuando sabes que ya no estás sola.

El número de amigos no implica que de verdad lo sean, la gente que merece la pena lo demuestra día a día.

Aclaro que no es un simple relato, son recuerdos que tengo de esos 16 maravillosos años.

Kalí Suzume

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