Relato de la Luna Roja por Kali Suzume

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Llueve, lloran las almas del infierno. Qué, ¿porqué caen sus lágrimas desde arriba?

Porque el cielo no existe. ¿Porqué lo sé? Porque esto es peor que el infierno y el cielo es “la nada”.

Vivimos por nuestra propia supervivencia, ya no podemos recursos. Y no, esto no es un castigo divino. Si Dios hubiese sido bondadoso no nos habría dado el libre albedrío para destruir su propia creación. O, quizás sí, quizás si porque fue un auténtico idiota.

Llueve, eso significa que hay que refugiarse porque el ácido de las nubes te quemará la cara si alzas la vista.

¿Cuántos quedamos? Quien sabe, a nadie le importa, porque si ves a otro con un trozo de carne te abalanzas a robárselo. Probablemente le tengas que matar para conseguirlo.

Lo que importa es sobrevivir o morir de la manera más rápida posible.

¿A quién demonios se le ocurriría la fantástica idea de reparar la capa de ozono? Ahora, sea quien fuere espero que esté muerto porque la cagó la mar de bien ya que, se ha cargado tres cuartas partes de la población mundial. Qué inteligente fue el tío ¿eh?

Y yo que me quejaba de ser una marginal de instituto, ¡quién hubiese imaginado este desastre! No lo superan ni las pelis de zombies, ni “el día de mañana”, ni si quiera se acercan un poquito a esta mierda de realidad.

La vida es un asco. Lo pienso mientras limpio mi cuchillo de la sangre del gordo al que acabo de rebanar el cuello, no lo hice por crueldad, lo siento por él, pero se cruzó en mi camino con un puto donuts, ¡¡un donuts!! , ¡hace 7 años que no veo uno!

Obviamente el no iba a compartirlo, lo sé por el gesto lascivo que hizo al mirarme. Así que imaginad el resto.

En fin, tengo en mis manos un donuts, ahora mismo esto vale más que 10 botellas de agua. Sé que debería intercambiarlo, pero, ¡oye!, me lo he ganado. Así que me lo comeré en algún refugio.

Alzo la vista, y solo veo el cadáver del gordo, me preguntó dónde lo habrá conseguido…. Y veo justo detrás de él un gran edificio, las ventanas están rotas, la estructura  está oxidada, pero ¡mira! , ¡si está en pié! No creo que mis 45kg lo vayan a derrumbar. Así que salto por encima del gordo y me dirijo hacia el edificio. Las calles esrán vacías, veo en el edificio al que me dirijo una cortina rota con algo parecido a lo que debería haber sido una silla. Y decido que es el lugar ideal para refugiarme.

En la habitación que había visto quedan restos de “muebles” o algo así. Sin embargo lo que más me apetece es sentarme esa silla. Lo sé, es una gilipollez, pero hace muchos años que no me siento en una puta silla sin astillas, sin oxido corrosivo y, me apetece algo de “antaña normalidad”.

Saco mi donuts, ¡coño, si es de los glaseados! Muerdo el donuts que increíblemente está blando y esponjoso. El azúcar glaseado choca contra mi paladar, invadiéndome una sensación de placer y nostalgia. Doy otro mordisco, temo que se deshaga antes de llegar mi boca, lo mastico lentamente pedacito a pedacito, triturándolo despacio, saboreándolo, intentando alargar lo máximo posible el placer que me invade. Entonces un recuerdo que creí enterrado me avasalla. Tengo 7 años y estoy con mi madre merendando donuts,  su cálida fragancia me invade, haciendo que casí la pueda oler hoy, 7 años después. Ella sonríe con los dientes negros de haberse comido su donuts de chocolate y yo la imito, me abraza, y vuelvo a la realidad.

Desde la ventana veo el cadáver del gordo, mierda, debí esconderlo, ahora alguien sabe que hay otra persona en la zona.  Mientras lo pienso siento un filo en mi garganta. Tarde, alguien me agarra del cuello, el filo del cuchillo es hunde en mi piel, la sangre emana de mi, suena extraño pero la siento cálida y de algún modo eso me reconforta. No lucho, solo quiero que sea rápido, además si es hombre, por muy ágil que sea mi género no tiene mucha fuerza, qué más da.

Mancho mi ropa de sangre, mi pelo largo se enreda con la sangre,  y me dejo ir. Me dá igual quien me esté robando la vida, me da igual sus motivos, solo quiero que sea rápido, porqué a mi esto me parece una eternidad, porque no veo el final  de un túnel, ni mi vida está pasando delante de mis ojos.

Tengo frió, noto que mis brazos se entumecen,  sigo sintiendo que la sangre sigue corriendo fuera de mi piel, los ojos están desenfocándose, y, por fin , la nada me recibe.

Kali Suzume

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